A contraluz...

Supongamos que nos encontramos en un paisaje onírico, en él hay una gran cascada, nos situamos al pie de la misma, bajo este manantial de energía que es el chorro de agua viva que fluye con desparpajo desde un encumbrado lugar, alzamos la vista y, miramos a través de esta corriente intentando alcanzar la cima que nos desafía altiva, y de pronto, reflexionamos, ¿vemos algo?, ¿soportaremos este alud de fuerza que se nos viene encima?, ¿hemos de continuar?, ......., pues claro que sí, ¿cómo íbamos a abandonar ahora tan recalcitrante experiencia?, ¿realmente estamos viviendo una aventura?.

De pronto suena el despertador y volvemos a la realidad cotidiana, aunque en nuestro interior hay algo que nos inquieta, ¿cómo puedo vivir esto que he soñado y que está preso en mi?.

Hay que poner manos a la obra, cámara en ristre, bajar a Diagonal Mar y cazar instantáneas que ilustren lo que me mantiene inquieta, vivir esta aventura y apaciguar mi instinto momentáneamente y, después contarlo,......, ¡sí!, ...., contarlo, ....., ¡ que lindo es contarlo!.

ACONTRALUZ nos sumerge en la vivencia de una aventura, de modo que sendos decálogos ilustran un cúmulo de sensaciones de un antes y un durante que forman parte ya de un ayer pero que tras contemplar dialogadamente hay que intentar rehacer y revivir........ ¡Esto es vida!.

CARME OLLÉ I CODERCH, fotógrafa



Cuentan las leyendas del arte que cuando alguien muestra su obra muestra su propio ser y en este caso no estamos rompiendo los cánones y atendiendo y recogiendo el órdago que Carme Ollé nos plantea, vamos por tanto a recorrer el camino que el migrador emprende cuando rompe el cascarón.

Tras su afiliación a la O.N.C.E. en el 2000 y completar su primer ciclo vital según los aztecas, la autora, con su empuje y tesón, reemprende en la fotografía, su andar por la vida a pesar de su maltrecha visión y en este trabajo, y a modo de provocación, se atreve a jugar con aquello que le está precisamente mas vetado, la percepción formal a través de la luz.

En este “libretto” fotográfico concebido en dos tiempos, y con ciertos ribetes surrealistas, encontramos escenificadas dos formas de proceder ante algo soñado. Si en “A LA BÚSQUEDA DE LO ONÍRICO” se nos muestra una primera fase de concepción de lo que queremos hacer, en la que sustraemos de su medio aquello que pretendemos y tras trasladarlo a nuestro mundo, coqueteamos con él y lo hacemos nuestro, y en “NO ES UN SUEÑO” encontramos la segunda parte de realización de lo concebido, en la que nos trasladamos al lugar donde pertenece aquello que hemos soñado, experimentamos con él y tras superar adversidades iniciales podemos hallar el premio que nuestra propia sensación de goce y disfrute proporciona.

Conviene también apuntar que el formato empleado en la exposición de la obra contribuye también a enfatizar lo antes aludido, pues si la verticalidad contribuye a expresar las emociones ante lo incierto que se descubre, la horizontalidad da a entender que nos encontramos en un espacio conocido por el que hemos de transitar según lo concebido y que con el transcurrir del tiempo, y a pesar de alguna sorpresa, nuestro destino hemos de alcanzar.

En esta obra, y de acuerdo con su formalización en la sala, la artista nos trampantojea espacialmente en una aventura, en la que, tal como ella nos comenta, con sendos decálogos se ilustran un cúmulo de sensaciones de un antes y un durante que forman parte ya de un ayer pero que tras contemplar dialogadamente hay que intentar rehacer y revivir.

Al·Lean Olko





Detalle de sala en la exposición del Museo Tiflológico de la O.N.C.E
en Madrid