El Parque Diagonal Mar, el referente

Supongamos que nos encontramos en un paisaje onírico, en él hay una gran cascada, nos situamos al pie de la misma, bajo este manantial de energía que es el chorro de agua viva que fluye con desparpajo desde un encumbrado lugar, alzamos la vista y, miramos a través de esta corriente intentando alcanzar la cima que nos desafía altiva, y de pronto, reflexionamos, ¿vemos algo?, ¿soportaremos este alud de fuerza que se nos viene encima?, ¿hemos de continuar?, ......., pues claro que sí, ¿cómo íbamos a abandonar ahora tan recalcitrante experiencia?, ¿realmente estamos viviendo una aventura?.

De pronto suena el despertador y volvemos a la realidad cotidiana, aunque en nuestro interior hay algo que nos inquieta, ¿cómo puedo vivir esto que he soñado y que está preso en mi?.

Hay que poner manos a la obra, cámara en ristre, bajar a Diagonal Mar y cazar instantáneas que ilustren lo que me mantiene inquieta, vivir esta aventura y apaciguar mi instinto momentáneamente y, después contarlo,......, ¡sí!, ...., contarlo, ....., ¡ que lindo es contarlo!.

ACONTRALUZ nos sumerge en la vivencia de una aventura, de modo que sendos decálogos ilustran un cúmulo de sensaciones de un antes y un durante que forman parte ya de un ayer pero que tras contemplar dialogadamente hay que intentar rehacer y revivir........ ¡Esto es vida!.

A pesar de que no se que impulso anteriormente ya me había traído al Parque de Diagonal Mar, confieso que hasta que no asumí el contenido de una entrevista a sus labradoras, Benedetta Tagliabue y Elena Rocchi, publicada en la prensa en otoño del 2002, no empecé a sentir pasión por este espacio de nueva configuración que Enric Miralles gestó proyectualmente para el disfrute de los barceloneses.

No recuerdo que pasó en mi primer paso por el parque, muy probablemente quizás fui mas como sombra de mi acompañante y por tanto no era yo misma, pero en una segunda oportunidad mi actitud fue diametralmente opuesta, realmente fui mas receptiva y participativa y he de decir que valió la “pena”, si es que así se ha de expresar. Estaba ansiosa para experimentar las sensaciones de evasión que se pueden producir cuando uno se une con los “bancos” ondulantes que emergen de esta naturaleza enlatada en la ciudad, pero sobre todo quería encontrar aquella provocación que no recuerdo quien de las dos susurró en aquella entrevista y por tanto había que ir en busca del “secreto del parque”.

A partir de ahí empezó mi idilio con este lugar y de la que estas fotografías no son mas que una muestra de ello, y que espero os motiven como a mí me transformó el sentir aquellas motivadoras expresiones de quien vive y no vegeta con lo que hace.

Tal como musicalmente, Joan Manuel Serrat mas o menos loaba, para a mi “fueron palabras sencillas y tiernas y me colmaron....”

CARME OLLÉ I CODERCH