TA-FO-VE-DI
Al abordar la crítica de la obra fotográfica
de la Carme Ollé me encuentro con un
grave problema: somos amigas, y la amistad no
puede ser nunca objetiva; es bien cierto; por
otro lado hace muchos años que nos conocemos,
y es en base a este saber, que no de la amistad
acepto el reto.
La Carme ha trabajado, estudiado e investigado
las mas modernas técnicas fotográficas
y se sirve de estas para expresar sus sentimientos
y para sumergirnos en un mundo mágico
al cual se accede abriendo del todo los ojos
del espíritu ,que no los del cuerpo,
i así no le representa problema alguno
su discapacidad visual, como no lo fue para
Beethoven su discapacidad auditiva, y con su
empuje, la Carme no es queda atrás frente
las dificultades, tiene mucho por decir y lo
dice y dirá pase lo que pase, i así
como los impresionistas nos dejaban boquiabiertos
frente a un riachuelo o una silla vieja que
no eran mas que aguas putrefactas o materiales
de desecho respectivamente, la Carme nos hace
despertar sentimientos desconocidos frente unos
hilos eléctricos o un trozo de hierro
oxidado reflejado en una charca, y juega con
la luz y las sombras y como Velázquez
en las Meninas, nos hace entrar en una historia
que si mas no, tiene un primero y un segundo
término y diferentes focos lumínicos.
La Carme es una amante de la Naturaleza y nos
la hace descubrir con las torres aparentemente
frías de la gran ciudad, con una sencillez
y espontaneidad fruto del sentir de alguien
que se compromete y lucha por superar las adversidades
y que dispone de sensibilidad propia y que ha
hecho de su “pasión” la fotografía,
su vocación i “profesión”,
y a la vez su principal herramienta de comunicación.
Contemplar la obra de la Carme es un doble placer
estético y ético que finaliza
con un agradable cosquilleo y nos hace exclamar
como Maragall SI EL MON ES TAN FORMÒS!
Anna María Burbano Pantaleoni
Historiadora del Arte
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